Como ya publicó este rotativo (somos como el As, pero sin la tía de la contraportada. Dioooosssss!!!!, no hay nadie que nos la consiga??) el pasado jueves 22 de marzo, uno de los equipos de la liga del LSD estaba detrás del fichaje de un jugador italiano procedente del Duseldorf alemán (o de por ahí al lado), que tenía una clausula de rescisión aceptable, y que podía ser el complemento perfecto para su equipo, ya que iba a aportar seriedad en el medio del campo (vamos, a mitad de la furra), y de la misma nacionalidad que la Lambretta, con lo cual no ocupaba plaza de extranjero.
En esto, que tras unas cortas negociaciones con el club de origen, y la firma de un precontrato legal, el club AnchoA´s Clock Orange abonó a través de un intermediario de reconocido prestigio a nivel de las ligas europeas (joer, Rafita, como te manejas en la lengua teutona, parece que es tu segunda lengua) la clausula de rescisión y un adelanto de la ficha anual (gastos de envío).
Pos hasta aquí todo correcto (todo OK que dicen los entendidos). Pos os creeís creer que cuando la comitiva del LSD lo fue a recibir al aeropuerto (oseasé, cuando llegó el pedido), bajaron del avión todos los pasajeros menos él. Se rajó in de last moment, se cagó por la patuela. No pudo resisttir la presión de llegar a un equipo de una liga tan competitiva (aquí sales de paseo, y te pegan una pasadas tus compañeros del LSD a una hostia del tres, pero cuidadín con las lesiones que la liga es muy larga, y alguno que otro ha tenido que ir al dique seco por algún tirón en las piernas, que ahora lo llaman que si se te agarra el motor, creo).
en esto, que tras mantener nuevos contactos, el club de origen dice que el jugador está misin (missing que dicen los finos), y que no hay señales de vida. Ante amenaza manifiesta de llevar el asunto a Bruselas y a Ginebra (qué Pibbles, esa cidad te mola) ande está la güefa, dicho club (qué impresentable!!) decidió devolver la pasta y zanjar el tema, antes de tener mayores problemas. pero me parece que el AnchoA´S Clock Orange no recibió la pasta, ya que el intermediario tuvo que reclamar los gatos de gestión (te va a quedar la vespa a capricho).

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